Es imposible corregir los malos hábitos luchando contra ellos, pues mientras más los combatimos más fuertes se hacen.
El precepto de ¨ No resistas el mal ¨ es perfectamente aplicable al hábito. El remedio no esta en luchar contra el mal o hábito equivocado, no importa de que carácter sea, sino en concentrarse en la adquisición un buen hábito que anule y desarraigue al malo, o dirigiendo nuestra aspiración a mas saludables fines.
Sea el que fuere el propósito en que fijemos nuestra atención; sea lo que quiera lo que idealicemos, nuestra mente subconsciente se esfuerza en actualizarlo y hacerlo real en nuestra vida.
Al luchar contra un hábito dirigimos la atención del subconsciente hacia él, y esto es fatal. Sin embargo si volvemos nuestra máxima atención hacia algo enteramente distinto y que sea más elevado y mejor, todos los poderes del subconsciente son dirigidos al logro, en la vida y en el cuerpo, de esa nueva finalidad. Vemos por consiguiente, que no tenemos que vencer el hábito. Si lo intentamos, nuestra labor será estéril, pues la voluntad humana es impotente ante el poder de la mente subconsciente. Los poderes del subconsciente pueden ser dirigidos por la imaginación pero no pueden ser coaccionados por la voluntad.
La voluntad se ha de utilizar, no para combatir el hábito sino para elevar y dirigir la atención hacia algo mas digno de nosotros.
Este es el medio de adquirir nuevos hábitos. Consiste en apartar la atención de la mente subconsciente del mal hábito, a la vez que dirige y todos los poderes a la creación de uno nuevo y mejor. Al subconsciente no le importa cual es el hábito, le es indiferente si es bueno o malo. Es tan complaciente para producir uno u otro.
Cada uno de nosotros por consiguiente tiene el destino en sus manos. Podemos por el control de nuestros pensamientos y de la imaginación, y dirigiendo nuestra atención a mejorar las cosas, enfocar todos nuestros poderes subconscientes en la formación de buenos hábitos.
En cambio al consentir que nuestros pensamientos e imágenes mentales graviten sobre cosas indeseables y que nuestra atención se centre en ideales bajos o débiles, adquirimos hábitos de esa misma índole. El poder que produce los hábitos es el mismo en cada caso; por lo tanto lo importante es la manera en como dirigimos ese poder.
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